Morir sin identidad, el camino hacia la fosa común

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Sin nombre y con una placa de acero con número sujetada de la parte superior de una bolsa de plástico individual, están los cuerpos que nadie reclama o identifica y que son llevados a la única fosa común “múltiple” del Distrito Federal, que se encuentra en el Panteón Civil de Dolores.

Por Beatriz Cuevas

Ahí, en un hoyo de tres o cuatro metros de profundidad por tres de ancho, los cadáveres que permanecieron por 21 días en instalaciones del Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) en espera de que alguien los identificara, son acomodados en hileras de 16 a 20 cuerpos, dependiendo su complexión, hasta completarla.

Una vez que esa primera “cama” se llena, se cubre con una capa de tierra, para luego continuar con un segundo, tercero, cuarto niveles y así sucesivamente. Diez o 12 niveles después se abre otra fosa de las mismas dimensiones y se repite el procedimiento.

Unos 20 centímetros antes de llegar al ras de tierra y luego de que la fosa ha sido repleta con los cuerpos, montones de tierra caen sobre el agujero para taparlo, sin que quede ninguna evidencia de quiénes moran en ese lugar, solo los trabajadores del camposanto lo saben.

Ninguna losa o lápida, nada se observa, solo se ve la tierra amontonada, acompañada de un olor nauseabundo, diferente al que se respira en la entrada del cementerio donde se encuentra la Rotonda de las Personas Ilustres.

Las fosas que aún no han sido ocupadas en su totalidad se encuentran cubiertas por láminas en espera de más cuerpos de quienes, en general, mueren en la vía pública y que en ocasiones quedan irreconocibles y/o carecen de una identificación.

En 2014 el Instituto de Ciencias Forenses de la capital del país envío 400 cadáveres de distintos sexos y edades a esa área a la fosa común “múltiple”, ubicada en la parte última de este cementerio, que también aloja otra sepultura común pero especial, pues en ella se encuentran los cuerpos de los fallecidos en el sismo de 1985. ¿Cuántos?, no se sabe.

Esta sepultura es distinta, se encuentra bien cuidada, está cubierta por pasto recortado, su diámetro es mayor al de las otras fosas comunes que están a su costado, incluso tiene una gran lápida que señala a quien pertenece la cavidad, pero el tiempo ha borrado sus letras.

Los 400 cadáveres que el instituto mandó el año pasado a esa zona del Panteón Civil de Dolores corresponden a poco menos de 10 por ciento de los cuatro mil 800 cadáveres que ingresaron al anfiteatro, precisó el director del Incifo, perteneciente al Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Felipe Edmundo Takajashi Medina.

A la fosa común múltiple de la capital del país “llegan todos los cadáveres que están en calidad de desconocidos o no son reclamados en la capital del país”, señala en entrevista con Notimex.

Los cuerpos permanecen tres semanas en el anfiteatro del instituto, aunque podrían estar hasta un año dependiendo de varios factores, entre ellos que el Ministerio Público “nos instruya para que se mantenga aquí”.

También podrían permanecer hasta por 12 meses si se considera que el cadáver pueda ser identificado o bien es de nacionalidad extranjera; en este último caso los trámites para reclamarlo tardan más, comenta el especialista en ciencias forenses, quien subraya que el cuerpo no puede estar más de un año sin ser enterrado.

El Código Civil así lo dicta, “en el Distrito Federal se tiene que inhumar un cuerpo dentro de los primeros 12 meses, después de ello tendría que ser un juez civil el que le ordene al Registro Civil que lo inhumen”, lo que comprende un procedimiento jurídico.

Lo mismo sucede con los cuerpos utilizados para fines de enseñanza o investigación y que solicitan las casas de estudio al instituto, mediante el convenio que existe entre el Tribunal Superior de Justicia, la procuraduría capitalina y las escuelas.

“Esos no son enviados a las tres semanas a la fosa común, se pueden tardar más tiempo para que sean aprovechados al máximo para los fines que persiguen”, señala Takajashi, quien es director del Instituto de Ciencias Forenses desde hace 13 años.

Especificó que a las escuelas no les son enviados cadáveres que son arrollados en la vía pública, en un accidente, porque podrían no serles útiles.

Una vez que los cuerpos tienen el tiempo promedio de tres semanas, bajo refrigeración y luego de que personal administrativo se presenta ante el Registro Civil y la Secretaría de Salud para llevar a cabo los trámites correspondientes para obtener la boleta de inhumación, son enviados a la fosa común cada 15 días o tres semanas.

Los cuerpos que se prestan a las instituciones educativas para su estudio llegan al cementerio los jueves y los del instituto cualquier día, comentan trabajadores del panteón.

A la fosa común, dicen sepultureros, no sólo llevan cuerpos completos sino parte de ellos, incluso, dedos, que las autoridades mandan para ser depositados en las tumbas de los desconocidos.

Cuando se llega a identificar y reclamar alguno de los cuerpos que se encuentran en la fosa común, la tarea es titánica, ya que los empleados del panteón tienen que sacar cadáver por cadáver hasta exhumar al que se solicita.

El diputado local Ernesto Sánchez Rodríguez consideró que las autoridades capitalinas deben intensificar sus esfuerzos para que sean identificados el mayor número de cuerpos y evitar que sean enviados a la fosa común.

“No debemos esperar que lleguen a reclamarlos, me pronuncio por llevar a cabo campañas de prevención de identidad y crear espacios comunes en los que sean dignificados y su entierro no sea en espacios múltiples”, expuso el legislador del Partido Acción Nacional (PAN).

El integrante de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) opinó que los cadáveres no identificados deben ser enterrados de manera individual y no grupal.

“Podemos crear panteones comunes en los que sean dignificados estos individuos que no se reconocen, que tengan un entierro digno. Cualquier persona debe y puede acceder a estos beneficios, independientemente de su origen”, puntualizó.

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